
Washington / Caracas.
En el contexto de las recientes tensiones geopolíticas en torno a Venezuela, el expresidente y actual actor central del debate político estadounidense, Donald Trump, ha reiterado en distintas ocasiones que la prioridad inmediata de Estados Unidos sería garantizar lo que ha denominado un “acceso total” a los recursos petroleros venezolanos, con el objetivo de que compañías estadounidenses participen en la reconstrucción de la infraestructura energética del país.
Trump ha sostenido que dicha infraestructura fue “robada y destruida por el chavismo” y ha advertido sobre el riesgo de que los activos estratégicos de Venezuela queden bajo la influencia de China, Rusia o Irán, países que considera adversarios directos de los intereses estadounidenses en la región. Desde esta óptica, el petróleo venezolano —en particular el crudo pesado, que constituye las mayores reservas probadas del mundo— se convierte en un eje central de la disputa geopolítica.
De acuerdo con declaraciones atribuidas al entorno del mandatario y a análisis de especialistas, otros temas sensibles, como la situación de los presos políticos, el retorno de exiliados o la celebración de elecciones libres y competitivas, quedarían postergados para una etapa posterior, una vez que la industria energética venezolana sea “estabilizada”.
Críticas por motivaciones económicas y geopolíticas
Este enfoque ha generado fuertes críticas desde diversos sectores políticos y académicos, que cuestionan que las motivaciones detrás de la estrategia estadounidense sean principalmente económicas y geopolíticas, más que una apuesta inmediata por una transición democrática en Venezuela.
Analistas señalan que el control y la explotación del petróleo venezolano representan un interés estratégico de largo plazo para Estados Unidos, especialmente en un escenario global marcado por la competencia energética y la reconfiguración de alianzas internacionales.
Reacciones en la oposición venezolana
Dentro de la oposición venezolana, figuras como María Corina Machado han expresado decepción y preocupación ante la percepción de que Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta y figura clave del chavismo, continúa ejerciendo control institucional, lo que para sectores opositores contradice la narrativa de un cambio político profundo.
Estos sectores consideran que cualquier proceso que mantenga a dirigentes leales al presidente Nicolás Maduro en posiciones de poder limita las posibilidades de una transformación democrática real y sostenida.
Un escenario aún en desarrollo
Mientras tanto, la situación sigue siendo fluida y cambiante. Delcy Rodríguez ha adoptado recientemente un tono más conciliador hacia Estados Unidos, en lo que algunos observadores interpretan como un intento de reducir presiones externas y ganar margen de maniobra política.
Por su parte, Trump ha afirmado públicamente que Rodríguez “está cooperando” por el momento, una declaración que ha alimentado el debate sobre la naturaleza y el alcance de cualquier entendimiento informal entre ambas partes.
En este contexto, el futuro político y económico de Venezuela continúa marcado por la incertidumbre, con un delicado equilibrio entre intereses energéticos globales, presiones diplomáticas y las aspiraciones de cambio democrático expresadas por amplios sectores de la sociedad venezolana.






